0.- Intro a LA REFORMA DEL MIEDO

Existe una idea muy extendida en el mundo de la energía según la cual el funcionamiento del sistema eléctrico sigue una lógica tecnológica, e incluso económica con algunos criterios ambientales, de carácter “racional”. Sin embargo, la realidad apuesta constantemente por otro caballo ganador. En las últimas semanas, con ocasión de la presentación del conjunto de medidas normativas del gobierno del PP para reformar el sistema eléctrico, hemos tenido la oportunidad de comprobar nuevamente la distancia entre el imaginario colectivo y la realidad.

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Según esa idea tan extendida, los siguientes párrafos del preámbulo del Real Decreto-ley 9/2013, por el que se adoptan medidas urgentes para garantizar la estabilidad financiera del sistema eléctrico, serían perfectamente normales dentro de dicha lógica, y no se podría objetar ningún tipo de pero. Veamos lo que dicen:

“Sin embargo, durante el primer semestre de 2013 se han producido una serie de hechos que han variado las hipótesis sobre las que se realizaron las estimaciones a principio de año, lo que traerá como consecuencia la aparición de nuevos desajustes al final del ejercicio si no se toman medidas de urgencia para corregir la situación.

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Estas desviaciones vienen motivadas por el hecho de que en los primeros meses del año 2013 han acontecido unas condiciones meteorológicas atípicas, y el nivel de pluviometría y las condiciones de viento han sido muy superiores a las medias históricas.

Estas condiciones han provocado un doble efecto. Por un lado, han ocasionado el hundimiento del precio del mercado diario hasta un nivel mínimo de 18,17 €/MWh de media en el mes de abril, dando como resultado un precio medio en los seis primeros meses de 2013 que no alcanza los 37 €/MWh, muy inferior a los 51,19 €/MWh previstos para el conjunto del año. Por otro lado, se ha producido un incremento de las horas de funcionamiento de determinadas tecnologías, y en particular de la eólica con derecho a régimen primado. Todo ello ha determinado una notable desviación al alza del sobrecoste del régimen especial, como consecuencia de los menores precios del mercado registrados.

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Además, por efecto de la reducción de la actividad económica y la afección de la crisis económica sobre las economías domésticas, se ha producido una contracción de la demanda más acusada de lo previsto. Así, el balance eléctrico publicado por Red Eléctrica de España S.A., como operador del sistema, muestra a fecha 5 de julio de 2013 una disminución de la demanda de 2,7 por ciento en lo que va de año 2013, y una caída de un 2,3 por ciento en el último año móvil frente a una caída estimada del 0,3 por ciento considerada en la Orden IET/221/2013, de 14 de febrero.”

Ahora bien, el párrafo anterior concluye de esta manera:

“Este hecho tiene un impacto negativo derivado de la reducción de los ingresos por peajes de acceso de energía eléctrica.”

Al realizar una lectura con cierto detenimiento se puede concluir que este último pero con el que concluye el párrafo representa el tono general de todas las normas (borradores hasta su aprobación definitiva) elaboradas para reformar el sector eléctrico. Desde el citado RDL 9/2013 hasta la modificación de la Ley del sector (54/1997), pasando por el RD de Autoconsumo de energía eléctrica fotovoltaica o en el que se establece la metodología de cálculo de la retribución de la actividad de energía eléctrica o el que revisa los peajes de acceso de la energía eléctrica. Los párrafos anteriores constituyen pues una excepción a ese tono general. En definitiva, la idea general de que el sistema energético sigue una lógica tecnológica es una excepción (nuevamente) en la reforma del sector eléctrico.

Podéis encontrar el artículo original y mucha más información en: Espacio energético

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